Cuando el lazo amoroso se vuelve conflictivo o entra en crisis, este espacio propone alojar la palabra de ambos integrantes. No buscamos soluciones estandarizadas, sino propiciar una escucha recíproca que permita interrogar los desencuentros, los malentendidos y los modos en que cada uno se implica en el vínculo.
La terapia de pareja no se plantea aquí como un tribunal donde se define quién tiene razón, ni como un espacio para aplicar pautas de convivencia o técnicas de comunicación estándar. Entendemos que una pareja no es solo la suma de dos personas, sino la construcción de un lazo único que sostiene sus propios pactos, mitos y repeticiones. El trabajo terapéutico ofrece un espacio que aloja a ambos, pero donde el verdadero paciente es el vínculo. A través de las sesiones, se propicia un tiempo de detención para que la queja o el reproche mutuo dejen lugar a la pregunta. Se invita a cada miembro de la pareja a interrogar qué posición ocupa en el conflicto, cómo se enlazan los malestares actuales con las historias personales de cada uno y qué pactos inconscientes —que alguna vez funcionaron— hoy están generando sufrimiento.
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Al igual que en la clínica individual, no trabajamos con un número cerrado de sesiones. El recorrido depende de la singularidad de la pareja, de la complejidad de su crisis y de los tiempos que requieran para procesar y conmover las posiciones en las que se encuentran atrapados.
Para que el dispositivo de pareja funcione, es necesario que ambos consientan habitar el espacio, aunque al principio haya dudas o reticencias. Si uno se niega rotundamente, suele ser más viable iniciar un espacio de escucha individual para que quien consulta pueda interrogar su posición en ese lazo.
No es lo recomendable. Para preservar la neutralidad del espacio y que ninguno sienta que hay una alianza previa o secretos con el terapeuta, es fundamental que el espacio de la pareja sea exclusivo. Si alguno de los dos necesita un proceso individual, se realiza la derivación a otro profesional del equipo.
Un espacio neutral para escucharse sin pelear.